La revista de Conversando entre
parteras nació hace 19 años y estuvo activa por una década (1991-2001),
como parte de nuestro interés por construir un puente de entendimiento entre
parteras urbanas y parteras en zonas rurales e indígenas.
Tres años atrás, un grupo de educadoras
perinatales, buscábamos escuelas para convertirnos en parteras, pero hacía casi
cuatro décadas que habían sido cerradas en México. Sin embargo, encontramos a una excelente
partera y maestra, Patricia Kay, que accedió a prepararnos impartiendo el
programa académico que ella había estudiado en Nuevo México, EUA. Así fue como
creamos Grupo Ticime, a principios de 1989.
Parte de mi preparación como partera no
podía ignorar a la partería originaria así que me acerqué a cursos de
capacitación en donde se intentaba
enseñarles el modelo médico por instituciones públicas de salud. Fue un proceso muy interesante observar las
dificultades de comunicación y, por ende, la incomprensión del modelo de
partería por parte de los profesores y coordinadores de los programas de
enseñanza. Pero para mí fue una gran
oportunidad acercarme a varias de las parteras antiguas. Atestiguar su compromiso con las familias de
sus comunidades, la autonomía en el ejercicio de su oficio y su fe en Dios;
aspectos que nunca los hubiese encontrado en los libros de texto.
Observo que décadas después se mira con
mayor atención e intención las prácticas de las parteras originarias. Me uno a
ese reconocimiento y agradezco al aporte de éstas y otras sabias mujeres.
1991. El 5 de mayo nos reunimos en el D.F.
para celebrar el Día Internacional de la partera, bajo el lema "Por un
nacimiento más seguro para todos".
Este evento representó el primer esfuerzo de Ticime por lograr una
amplia red de comunicación entre y para las parteras.
El encuentro fue exitoso, no sólo por la
riqueza de las experiencias compartidas y por el entusiasmo que todas
manifestamos, sin también por el espíritu de hermandad y compañerismo entre
nosotras.
Tuvimos el gusto y la suerte de contar con
la presencia de varias parteras de Puebla, el grupo de estudios Ticime,
integrantes de SIPAM, CIDHAL-Cuernavaca, y la doctora Aída Rodríguez, profesora
de psicología. Entre todas compartimos aquello que nos ayuda a cuidar el parto
y el nacimiento para que se realicen en un ámbito de seguridad, no sólo física,
sino también emocional. Cuidamos así el
entorno espiritual que envuelve dichos eventos.
Iniciamos compartiendo aquí algunas de las
voces de estas compañeras:
Naciendo a la partería
Doña Cata Villagrán quien cuenta con 38
años de partera, nos contó cómo descubrió su vocación. “Para algunas, la
vocación se siente en un sueño, para otras es un deseo profundo, y en otras
responde a un llamado de Dios”, así nos lo expresó.
"Estaba yo en el campo cortando alfalfa y
de repente que escucho unos gemidos… eran cada vez más fuertes. Que me acerco y
que veo que estaba una mujer pujando. Ay Diosito, ¡ayúdame!
Yo veía que aunque no quisiera le tenía
que entrar. Y pues órale. Acomodamos un montón de alfalfa y la acosté. Era su
segundo bebé. Y yo: _ándele mamacita, puja. Veía como temblaba, pero más
temblaba yo. Y que se vienen las aguas y en un ratito que nace la niña. Luego
vi que le venía otro dolor y me asusté, pero ella era la que me iba guiando y
me explicó que faltaba que naciera la placenta. ¿Qué es eso, pensé?, y nació
una placenta bien grandota. Con mi hoz corté el cordón, y lo anudé con una tira
de mi fondo y con lo demás envolví a bebé. Recién parida nos regresamos la
mujer y yo, caminando una hora y media hasta el pueblo. Pues sí, como no había
partera en el pueblo, y todos se enteraron, me hicieron la gran partera. A la
semana me pidieron que atendiera otro y luego otro. Yo los fui orientando para
que lograran más higiene. Como ven, una va viendo para qué está hecha”.

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